Reza el famoso refrán "Más vale prevenir que curar", pero lo olvidamos con bastante frecuencia. Un olvido que pagamos caro cada verano, con el lamentable ritual de ver nuestros bosques arder. Quizás no se puede evitar, pero si minimizar sus desastrosos efectos. Activar, incentivar, desarrollar la utilización de biomasa forestal para la producción de energía, es un elemento de prevención estratégica para el bosque y el mundo rural y nos ahorraría muchos esfuerzos y recursos, además de crear puestos de trabajo estables y de calidad.
Durante muchos años no hemos realizado en nuestros bosques la silvicultura necesaria, porque era demasiado caro y, a los propietarios, estas operaciones les costaban mucho dinero para la poca rentabilidad que de ellos obtenían. La Administración trató de amortiguar estos desequilibrios a través de subvenciones, pero nunca fueron suficientes. Nuestros montes necesitan de un mercado que use la madera, la leña y los productos forestales para que podamos mantenerlos en buen estado. Actualmente tenemos herramientas más potentes que nunca para la gestión sostenible, pero necesitamos que se cree una demanda por parte de la sociedad que consuma nuestros productos.
Y ahí emerge la oportunidad del aprovechamientos de nuestros recursos naturales con la biomasa. Potenciar la utilización de biomasa forestal para fines energéticos puede reducir los costes que actualmente se destinan a la extinción de incendios, debiendo dirigir la estrategia de control del fuego a labores de prevención que es lo que siempre se ha defendido en los círculos forestales.
Vale la pena leer y adoptar las recomendaciones de Villarroel, están bien encaminadas.